Perdiendo una religión

 El ladrón y la luna.

Como un bandido llegó transformado en mentira.

Y como la oscuridad que nos vende la noche, escapó de una cárcel con la verdad.


La  luna siendo lo  que no precisa, inexistente ajena a la estrella que deambula.

Ebrio el escritor, tristeza lo nubla.


Ladrones de soles, le arrebataron la mañana y un dorado antes del permanente nefasto de lo que atardece y se va como arena entre plegarias de Dios.


Perdí mi religión porque me cansé de llenar vacíos...cuando en realidad puedo colorear el profundo negro y transformarlo en calor.


El pequeño propósito de la verdad.

Y la  larga distancia que hay entre los espacios de la realidad


Como un ladrón y la luna.

Que de la mano van, de la cabeza se juntan.


El ladrón con  la hazaña y la luna que apaga el rostro de quienes pecan arropados en el silencio de una ciudad.


Prometí no volver a matar, le dije a la luna.


Y yo juré no volver a brillar, dijo mi Sol.


La luna solo fue un Sol que se apagó.


La luna...fue el hombre que un día despertó sin religión.

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