Uñas.

Es triste cuando el laberinto nocturno ya no me genera silencio mudo.

Es deprimente escuchar platos rotos y envidiar el como ríe otro.

Dentro de mi, no ha vuelto a salir el sol.

Es un constante clima gélido e imitado de algunos cuentos.


Creo que me estoy muriendo.


Al final solo somos ovejas que vamos al mismo rebaño.

Después de todo...somos humanos.

Unas se salen del camino, pero al final vuelven a lo mismo.

Retumban los tambores en mi oído

Son frenéticos los gritos.

Mi cabeza no deja de dar brincos 


Mi espalda deja de ser tan detallada.

Mi rostro más viejo entre más vuela el tiempo.


Estoy envejeciendo.


De vez en cuando...tengo miedo al futuro, tengo miedo a lo incierto. 

No tengo mucho dinero, no es una vida fácil como la de vivir en un granero.

Es más...como un desierto, excavando con mis uñas a pesar de arrancarlas de los dedos.

Con tal de poderme ocultar de la lluvia, y no morir en el frío invierno.


Me dejó de importar estar acompañado o no, si al final todos nos vamos por una razón.

El amor solo es un reflejo de lo que queremos, satisfacemos placeres ambiguos de nuestros más lujuriosos sentimientos.

¿Pero que hay luego de eso?

Nada, solo usamos palabras falsas.

Al final todo es una mentira, mientras todos nos señalamos en nuestras sillas a buscar un culpable de la amargura.

Todos somos caníbales... 
Por que cuando las fogatas alumbran, consumimos algo de quienes nos rodean en penumbra. 

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