Hermanos cohete.

Los diez ojos que en la muñeca llevo.
Fue un regalo de cumpleaños...al menos eso creo.
No lo recuerdo y sosiego sobre eso.

Juntos nos enamoramos de dos bellas damas con entonado acento.
Juntos robamos un par de lapiceros en el colegio.

Construimos nuestras vidas a bases de metal y una que otra tuerca que encontramos en el suelo.

Mi cohete no siempre vuela lejos.
Mis metales están llenos de huecos, pero el me ayuda a tallar sobre ellos.

Como un par de aves volando sobre sueños.
y como un par de manzanas enjauladas en el cercenar de una caída al techo.

A pesar de lo lejos, y las cuatro paredes que silencian mi voz y mi cruda mirada sobre sus delgados dedos.

Dibujamos el desenlace al despegar nuestros caminos y aterrizar sobre horizontes nuevos.
En efecto.
Yo lo quiero porque es el mejor amigo que tengo.
Me caí a un pozo donde miraba a fuera y él miraba a dentro. 

Por eso me gusta narrarle y explicarle que piedras son las que al pisar...caerá de nuevo.
De lo contrario sus zapatos exclamarán un árido adiós y no habrá espacio para los dos en éste pequeño y pútrido basurero.
Y lo que menos deseo...es que un bello lirio se empape de algo tan fétido.

Por eso es que lo quiero.
Porque mi pozo es oscuro y apenas respiro la estancada agua que en mi submarino un coral de sentimientos enterrados encuentro.

Con una pala tiro el agua...pero vuelve la nostalgia.

Los diez ojos que en mi muñeca llevo...
Un regalo que mucho yo aprecio.

Porque las telas negras de la pulsera me recuerdan a que...
El color negro no tiene por qué necesariamente...
Ser la ausente caricia de algo bueno.

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