La metáfora de la Luna y el Sol.


Silente es el rugir de la luna postrada sobre el sol.
Un eclipse de lujuria protagonizado por el encuentro del sempiterno y silente amor.

Siendo el mar la victima contemplando tal desilusión.

La arena que él mismo  regaló...fue el humo del dolor y los secretos que cuando se iba el sol bautizaba al bastardo hijo del lienzo con los que él mismo sus llanto procrastinó.

Los secretos de la luna bajo las efímeras cenizas del sol.
Y de un mar...que como un espejo mágico le decía cuan linda era la aproximación de su perfección.

Cuando iba a dormir, podía ver las estrellas en su cielo.
Pero no podía darle un significado a eso...

Feliz eran las migajas que caían en invierno.
Ausentes eran cuando el mar se quería congelar por un tiempo.

Un día el mar decidió con su vida acabar.
Trató de volar, escalando piedras, montañas y...masacrando una que otra ciudad.

Provocando al sol, robándose las risas del verano, convirtiéndose en la depresión de un nuevo año.
Fastidiado el sol quería poner cartas en el acto.

Y en un fuerte arranque de desolación...al mar evaporó.
Siendo este no el suicidio, si no la separación y la venidera de más dolor 
Puesto que ahora el mar desesperado podía evitar...a los 2 amantes separar.
Ahora es las nubes que todos los días vemos pasar, cegando al sol de su amante todos los días observar.
Y que solo cada 300 años sus labios podrá besar.

Paciente es el sol, caprichosa la luna...
y el inefable mar...a pesar de su intento corporal. 

Aún así, un verdadero amor...no pudo separar.

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